No hubo final en Roland Garros. Dos jugadores se ingresaron el domingo en el Philippe Chatrier para definir el segundo Grand Slam de la temporada, y allí Nadal jugó con Federer, porque el Rafa estuvo increible e hizo a su antojo. Roger: Perdido, entregado, desconocido, impotente, errático, tal vez por eso, el español evitó un festejo efusivo cuando su último tiro ganador le permitía obtener su cuarta corona. Los brazos al cielo fueron su único gesto de victoria cuando el marcador quedó cerrado con un 6-1, 6-3 y 6-0.
Un triunfo arrollador de Rafael Nadal en el polvo de ladrillo parisino, sin perder un set en todo el certamen, y cuarto título consecutivo que lo deja en la cumbre de la gloria en París, ciudad en la que aún permanece invicto (28 partidos consecutivos). Así igualó la marca de Bjorn Borg (1978, 79, 80 y 81) y quedó, junto con Henri Cochet, a dos del sueco, en el total de copas obtenidas en el mismo certamen. Una final muy corta (la segunda de la era Open), en la que tan sólo le tomó 108 minutos y 22 juegos imponer su tenis en el match decisivo contra el número uno.
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